Calibración: cuando ahorrar por un lado cuesta vidas por otro



Calibración: cuando ahorrar por un lado cuesta vidas por otro

Siempre se dice que la calibración de los aparatos electrónicos no es buena porque “no hay presupuesto para hacerlo correctamente”. Esa frase se repite en hospitales, en clínicas, en servicios de mantenimiento, como si fuera una justificación válida. Y yo llevo años escuchándola hasta que me di cuenta de una cosa: eso no es un ahorro, es un vacío de hueso. Un agujero en medio del sistema que dejamos ahí esperando a que se rompa algo, o peor, esperando a que alguien salga perjudicado.

Porque claro, mientras hablamos de equipos de medición secundarios, parece que “no es relativamente importante”. Un ligero desvío en un monitor de constantes, una pequeña deriva en un polígrafo… muchas veces no pasa nada. O no pasa nada hasta que pasa. Pero el problema gordo viene con los equipos que toman decisiones críticas. Y aquí quiero poner un ejemplo concreto: el ictus.

El caso del ictus: un error de calibración puede convertir un fármaco carísimo en un veneno

Cuando llega un paciente con sospecha de ictus, el tiempo es cerebro. Pero también lo es la precisión de los equipos que evalúan si ese ictus es isquémico o hemorrágico, la extensión del daño, los parámetros neurológicos. En función de esas lecturas, se toma una decisión: administrar o no un tratamiento trombolítico o de otra índole.

Y aquí viene lo grave. Porque si el equipo está mal calibrado, si las lecturas no son fiables, se puede administrar un medicamento muy caro que, lejos de ayudar, es más perjudicial para la persona que no administrarlo. No es solo un problema económico (que también, porque esos fármacos cuestan una barbaridad), es un problema de seguridad clínica. En ictus, dar un trombolítico cuando no toca puede convertir una situación manejable en una hemorragia fatal. Y todo porque un sistema que “parecía funcionar” no estaba bien ajustado, porque no había presupuesto para calibrarlo como toca.

Más perjuicio que otra cosa: cuando el aparato está “manchado” (con lecturas sucias o desviadas), el tratamiento que se administra puede ser más dañino que beneficioso. El ahorro en calibración se convierte en un riesgo inasumible.

La falsa economía del “no pasa nada”

Esto que cuento del ictus es solo un ejemplo, pero se repite en quirófanos, en UCI, en neonatología. Cuando se escatima en calibración, lo que se está haciendo es delegar la seguridad en la suerte. Y la suerte, en estos entornos, se acaba.

El argumento de que calibrar es caro es cierto: requiere técnicos especializados, patrones con trazabilidad, tiempo de equipo parado, certificaciones. Pero lo que no se dice es que no calibrar es más caro. Más caro en términos de revisiones posteriores, de averías evitables, de mala praxis encubierta, y sobre todo en términos de daño al paciente.

Porque al final, cuando un aparato está “manchado” (como digo yo, cuando da lecturas sucias o desviadas), el perjuicio que genera supera con creces cualquier ahorro que se haya querido hacer.

No es un gasto, es parte del acto médico

Me gustaría que dejáramos de tratar la calibración como un gasto prescindible. Si un equipo se utiliza para diagnosticar o para guiar un tratamiento, su calibración es parte del procedimiento clínico. No es menos importante que la formación del profesional o que la calidad del fármaco que se administra.

Si no hay presupuesto para calibrar correctamente un equipo, entonces no hay presupuesto para usarlo con garantías. Punto. Porque lo que está en juego no es el aparato, es la persona que tiene delante.

Por si alguien todavía tiene dudas…

Hago este post porque es un tema que me toca de cerca. He visto cómo se retrasan calibraciones por temas de presupuesto, cómo se priorizan otras partidas mientras los equipos críticos siguen dando señales de alarma silenciosas. Y he visto también las consecuencias, aunque no siempre se cuenten.

Si tienes un equipo en tu servicio que lleva más tiempo del recomendado sin calibrar, no esperes a que ocurra algo para pedir que se haga. Exigir una calibración correcta no es un capricho, es un acto de responsabilidad.

El vacío de hueso sigue ahí, pero al menos podemos dejar de mirar hacia otro lado.

Aquest post el vaig fer previament a anar a ferme una radiografía. 
Vaig caure Terra sol, mentres estava caminant I en vaig fer un trau a la seia o va sortir sang inclus a Terra i cop fort al pit I Les costelles. Un noi es va parar amb el cotxe i hem va portar fins a casa. Pero no vaig anar a lhospital. Es va curar lo del canto de la seia, pero lo del pit en feia mal inclus al respirar. 
Demano cita al metge o hem dona cita Per fer radiografía. 
Vaig a preguntar a les noies de recepción cuan era la cita. Ja vaig discutir amb les dos, perque elles casi ja deciden la priortat del metge o no ho saben. Mhen vaig a urgencies I li faig la mateixa pregunta. Ella sembla que respon correctament amb les prioritas pero si vull hem diu que si vull me la fan ara. I li plantejo el dilema filisofic. Qui faig cas? El que diu el metge, el que diu las de  recepcio, el que diu el protocol o el que jo pensó?
Vaig a fer la radiografía i tenía el cop a la Dreta del pit pero hem Posen lescaner per lesquerra. La normativa diu que Ho devia fer be, pero la lógica diu que no.

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